“Colorín Colorado” Óleo sobre lienzo de 73x50cm

“Colorín Colorado”

Los cuentos pasan de generación en generación y se narran de manera casi automática, de carrerilla y sin pensar en lo que se dice, verdad? La cantidad de burradas que decimos con entonación súper dulce como si fuesen lo más normal: niños a los que se les mueren los padres, madrastras y brujas asesinas, lobos que se tragan personas enteras, etc… El otro día, no sé cómo ni por qué, me di cuenta que si la historia de Blancanieves se trajese al presente, a los policías les iban faltar esposas y celdas para tanta gente: la madrastra por violencia doméstica e intento de asesinato mediante sicaro, al cazador por encubrimiento y abandono de una menor, a los enanitos por explotación (no me atrevería a decir sexual, pero siete tipos solteros conviviendo con la más guapa del reino, menor de edad, durmiendo en su cuarto…interrogatorios y pruebas de ADN seguro que tendrían que pasar), el príncipe que se aprovecha de una niña inconsciente porque siente el impulso de hacerlo y a todo el mundo le parece bien porque “ella es muy guapa” y  “es amor verdadero”…

Esta reflexión sumada a mi inclinación/curiosidad por ciertos temas,  me llevó a pensar que la historia de Blancanieves bien podría convertirse en una serie de Netflix. Lo mío no es la escritura, pero creo que hay paranoias que merecen ser compartidas.

Allá va mi versión no apta para menores de 18 años:

Había una vez, en un país muy lejano (porque estas cosas tan violentas siempre les pasan a los extranjeros), un joven matrimonio que con gran esfuerzo se había logrado labrar una reputación tan grande como su fortuna en el mundo del narcotráfico dándose a conocer como el cártel de “Los Reyes”. Al poco tiempo tuvieron una hija con el pelo negro como el azabache y la piel blanca como la nieve en polvo que tanta abundancia les había generado. En su honor, decidieron llamarla Blancanieves.

A pesar de poseer una cantidad de dinero incalculable, el padre de Blancanieves no pudo salvar la vida de su joven esposa, la cual, al estar perseguida por la ley, no pudo dar a luz bajo la supervisión médica de un hospital. Las comadronas que atendieron el parto y el médico, más experto en sacar balas que niños de los cuerpos, no supieron distinguir el sangrado típico de los loquios del postparto de una hemorragia vaginal que terminó complicándose y ocasionando el fallecimiento de “La Reina” pocos días después del parto.

“El Rey”, roto de dolor, se centró en Blancanieves y en sus negocios, los cuales no estaban faltos de celebraciones llenas de alcohol, drogas y mujeres con las que tratar de sobrellevar mejor su pérdida. Años después creyó encontrar de nuevo la felicidad junto a una bella proxeneta conocida en su entorno como “La Bruja”, con quien contrajo matrimonio en segundas nupcias poco tiempo después. Por todos era bien sabido, que la mujer era tan atractiva como malvada y ambiciosa, y a nadie, salvo a la joven Blancanieves, le pilló por sorpresa el hecho de que “El Rey” apareciese muerto en el bosque en desconocidas circunstancias, dejando a su hija huérfana bajo el cuidado de la que había pasado a convertirse en su madrastra y usufructuaria vitalicia de un auténtico imperio de la droga.

En un entorno donde la belleza y el culto al cuerpo es lo único que puede llevar a muchas jóvenes a “sobrevivir” y a encontrar lo que para muchas puede significar “éxito” convirtiéndose en una la novia y/o amante de algún traqueto de la zona, prostituta, etc… no es de extrañar que el rostro y el cuerpo tan escultural como operado de la ya no tan joven madrastra, eclipsase al difunto “Rey” hasta el punto de no darse cuenta que bajo esos cambios de humor tan exagerados no se ocultaba una causa hormonal, sino más bien una enfermedad mental: era una esquizofrénica que tenía alucinaciones en las que últimamente, su espejo, su lugar sagrado para dar salida a su obsesión por el físico, comenzaba a enviarle mensajes negativos poniendo en el centro de su ira a su hijastra Blancanieves, mucho más joven y bella (y heredera legítima de los bienes de su difunto marido en cuanto cumpliese la mayoría de edad)

Loca de celos y loca de “loca”, decidió enviar a la menor con uno de sus hombres de confianza al bosque donde se llevaba a cabo el cultivo ilícito de la cocaína con la que traficaban, con la excusa de ponerla al día en los negocios que tarde o temprano ella también tendrá que manejar. El acompañante de la joven era conocido bajo el apodo de “El Cazador”, tratándose del sicario más violento del cártel de “Los Reyes”. “La Bruja” le había hecho el encargo de asesinarla y hacerla desaparecer en el bosque, teniendo que llevarle su corazón como muestra del trabajo realizado.

Blancanieves, que había vivido protegida pero como fiel observadora de la violencia más cruel y oscura que generaba el negocio familiar, sabía perfectamente que era un estorbo para su madrastra, y que por tanto no iba a regresar con vida de su paseo matinal por el bosque. Lo que no sabía, es que “El Cazador” tenía una deuda de honor con “El Rey”, la cual quiso saldar a título póstumo dando libertad a la joven e indicándole el mejor modo de desaparecer por siempre. Peor suerte corrió la campesina a la que tuvo que matar y arrancar el corazón para llevar como prueba a su madrastra…

Blancanieves, muerta de miedo no solo por la situación que acababa de vivir, si no por el pánico a encontrarse algún indeseable en el bosque en un país donde la vida de una mujer vale menos que nada, no dejó de correr entre plantas de todos los tamaños que fueron lacerando su delicada piel. Exhausta, herida y hambrienta, cayó al suelo y al alzar la vista encontró una cabaña camuflada entre matorrales. Con mucha cautela entró y al ver la apariencia de abandono de las instalaciones, se sintió lo suficientemente relajada como para darla como escondite temporal seguro, buscar algo de comida envasada que no hubiese caducado, y descansar un poco sobre unas improvisadas y minúsculas camas que permitían aprovechar mejor el espacio de la sala, así como trasladarlas rápida y cómodamente en caso de ser necesario. Pensó que debía tratarse de una antigua cocina de coca o un refugio temporal abandonado.

Al caer la noche, Blancanieves dormía profundamente cuando escuchó ruidos y voces alrededor suyo. Se trataba de siete hombres con apariencia de campesinos que la observaban y comentaban asombrados su hallazgo. Sabían quién era. Blancanieves, aterrorizada por el desenlace que podrían tener los acontecimientos, les pidió disculpas entre lágrimas y les explicó el motivo por el cual se encontraba allí. Ellos, unos trabajadores de la plantación conocidos como “Los Siete”, no tuvieron más remedio que aceptar la voluntad de su joven “patrona” aun sabiendo el peligro que entrañaba mantenerla oculta en su cabaña: no solo por temor a la venganza de “La Bruja”, si no por lo que podrían hacerles si se malinterpretase el hecho de tener a esa menor tan hermosa viviendo bajo su mismo techo “a cambio de nada”. No obstante, eran conscientes de que si no daban protección a Blancanieves, si sobrevivía podría tomar represalias contra ellos. Ella prometió colaborar en lo que fuese preciso hasta que buscase el modo de huir a un lugar mejor y darles protección en cuanto pudiese hacerlo. No quedó más remedio que aceptar.

“Los Siete” eran hombres que habían llegado a trabajar para el cártel por diferentes motivos o necesidades, de los cuales se desconocía el nombre auténtico, pasando a ser “bautizados” del siguiente modo:

“Sabio”: Era un químico retirado encargado tanto del cuidado de las plantas, como de supervisar las cocinas de coca; “Gruñón” antiguo sicario hasta que el Párkinson dio la cara y ya no era apto para disparar, pero sí para llevar a cabo tareas duras en el campo; era también el encargado de la seguridad del grupo; “Feliz” había sido politoxicómano y ahora sólo era adicto a la marihuana, la cual le hacía sonreír de manera constante; Tenía que pagar las deudas contraídas con su trabajo en la plantación. “Dormilón” había salido del coma de dos años ocasionado por una lluvia de disparos y cuando despertó, obviamente había perdido su trabajo. Éste fue el único lugar en el que le admitieron; “Tímido” había sido víctima de maltrato y abusos en su infancia. Vivía asustado y carecía de todo tipo de habilidades sociales, así que centraba todas sus energías en trabajar para aislarse del mundo. “Mocoso” había abusado demasiado de la cocaína y ahora tenía que convivir con el efecto secundario de la secreción mucosa incontrolada entre otros. “Tontín” era un chico huérfano con retraso mental que el cártel tutelaba a cambio de su trabajo. Era eso, o mendigar en la calle para cualquier mafia.

Durante el tiempo que Blancanieves permaneció con “Los Siete”, no hubo una sola noche en la que no encontrasen un motivo para celebrar. Sentía más lástima que miedo por sus acompañantes y a pesar de todo lo ocurrido, se sabía afortunada por continuar sana, entera y con vitalidad.

Mientras tanto, “La Bruja” había recuperado su paz mental al sentirse liberada del peso de la competencia física de Blancanieves, hasta que llegó a sus oídos que había aparecido muerta en el bosque y sin corazón la hija de una de las asistentas de su confianza. Así es como Blancanieves regresó a sus pesadillas para atormentarla con su belleza y juventud inalcanzables y su espejo volvió a devolverle alucinaciones en forma de conversación….

Envió varios hombres a torturar a “El Cazador” para que hablase y posteriormente buscasen a la joven y acabasen con ella. Tardaron varios días en dar con su paradero, pero cuando lo hicieron, supieron que la mejor forma de acabar con ella sin levantar sospechas y sin tener que matar a “Los Siete”, era envenenándola a través de la comida que recibían una vez por semana en las inmediaciones de la cabaña. Desde que Blancanieves se instaló allí, era la encargada de recoger el bulto que dejaban en la puerta. Amante de las manzanas, habían dejado varias bien vistosas con la piel envenenada a su alcance. La joven no pudo resistirse a probar una cayendo al suelo inconsciente entre convulsiones y vómitos.   Cuando llegaron a la cabaña “los Siete” dándola por muerta y sintiendo sinceramente su pérdida, trataron de pensar con la cabeza fría y decidieron trasladar el cadáver de Blancanieves a un lugar lejano donde no sólo el olor a la carne no atrajese a las fieras del bosque, si no que nadie pudiese vincular la muerte de la joven con ellos jamás. Cruzaron la frontera imaginaria que separaba la zona de los dos cárteles más poderosos, para enterrar el cuerpo en las inmediaciones del clan de “El Príncipe”, donde nadie la buscaría.

Cuando se disponían a ello, fueron descubiertos por el patrón y sus hombres. “El Príncipe” no pudo evitar sentirse atraído por el físico de la joven, aún más, cuando supo que era la hija del que había sido su más duro competidor durante años, y sin pensarlo dos veces se agachó y la besó entre las miradas de horror y pánico de “los Siete” y las risas y chascarrillos de sus hombres que decían desconocer esa inclinación suya hacia la necrofilia, lo cual tampoco les sorprendía incluir dentro de su amplio abanico de vicios y perversiones.

De repente, Blancanieves abrió los ojos y se incorporó ante la sorprendida mirada de todos. No se trataba de un hechizo que se rompía con un beso de amor verdadero, porque para eso hubiese hecho falta eso: un hechizo, amor y el consentimiento de ambas partes como mínimo…. Más bien, el padre de la chica, “El Rey”, no solo se había preocupado hasta el día de su muerte de su educación y de satisfacer todos sus caprichos, también había cuidado con mimo su seguridad y para ello, todos habían sido inmunizados ante ciertos venenos indetectables. Su cuerpo había luchado durante horas hasta vencer el efecto y ahí estaba ella de nuevo, viva y con sed de venganza. “El Príncipe” era tan atractivo como ambicioso, y entre los dos acordaron una alianza de ambos cárteles que les convertiría en los más fuertes del país. El fin de La Bruja no tardó en llegar y no hizo falta emplear la violencia física: tan solo hubo que despojarla de sus lujosos cuidados y vestimentas para dar rienda suelta a su propia violencia mental y ella misma puso punto y final a su vida tratando de escapar de sus demonios imaginarios.

El Príncipe y Blancanieves vivieron felices durante una temporada, pero ese no es el final de la historia ni mucho menos…Sería una lástima que dos personas jóvenes dejasen de crecer en experiencias, conocer mucha gente, explorar sus gustos y apetencias, aprender a distinguir lo que de verdad les hace felices… Para empezar, Blancanieves decidió terminar con el negocio ilícito que tantos problemas habían traído a su vida y a la del resto del mundo, así que dado que ella todavía tenía las manos limpias de sangre y no había cometido ninguna irregularidad, pactó con la DEA su inmunidad, la de “Los Siete” y la de El Príncipe (del cual se había encariñado a pesar de haber resultado ser un putero y un gañán)  e hizo caer ambos cárteles, lo cual tuvo un efecto dominó en todo el negocio de narcotráfico desde su país hasta éste desde donde se escribe la historia.

Blancanieves decidió sacar partido a las enseñanzas en negocios de su padre, a su cuerpo de mujer escultural como reclamo, a sus gustos fetichistas y a sus ganas de experimentar, así que fusionando “cuerpo, mente y corazón”, diseñó y patentó una línea de juguetes eróticos entre los que destacaron las fustas con látigo de tiras de cuero incorporado para amantes indecisos con ganas de experimentar cosas nuevas. A su línea de productos la llamó “Colorín Colorado”, por cómo dejaban la piel a su paso… Pero éste cuento, no se ha acabado: CONTINUARÁ

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