Nuestro estado de ánimo es el que marca nuestras elecciones: colores, vestimenta, música, planes e incluso la gente de la que nos apetece acompañarnos. En mi caso al menos, mis obras también suelen ser un fiel indicativo de cómo me encuentro en el momento de llevarlos a cabo: desde la selección de la imagen hasta los colores empleados, por no hablar de la técnica.

“Un paseo en el tiempo” es una elección que hice en un momento en el que mi estado de ánimo era de casi diez, pero que a mitad del cuadro todo cambió… La vida está llena de imprevistos! Muchos de ellos no solo nos dejen huella y si no que cambian nuestra vida para siempre. No podré volver al punto en el que me encontraba cuando empecé este cuadro , pero he de decir que no me importa, que me encuentro igual o mejor, pero diferente.

Casi dos años me ha costado volver a sentirme cómoda con ésta obra como para poder terminarla y no negaré que lo he intentado muchas veces sin éxito. No es un trabajo limpio (que es lo que se suele esperar del Pop-Art) Visto de cerca, se pueden apreciar incluso “pegotes” de la lucha que hemos mantenido: sus cicatrices y las mías. Pero ha merecido la pena y me siento vencedora. Soy feliz. Y no sé si lo sería más si mi vida no se hubiese puesto patas arriba. Lo dudo.

Ahora cuando por fin lo miro y lo doy por terminado, puedo decir que ésta Vespa me lleva a dar “Un Paseo Por El Tiempo”, desde lo que era hasta lo que soy.

"Un paseo por el tiempo" Acrílico sobre lienzo 100x80c,
“Un Paseo Por el Tiempo” Acrílico sobre lienzo 100x80cm

 

2 comentarios en ““Un Paseo Por El Tiempo””

  1. Pues para estar hecho por etapas diferentesy me imagino qué de estados anímicos desiguales,yo no percibo “pegotes”cómo tú dices,si no una gran elegancia y serenidad. Mi enhorabuena! Mis paredes de un blanco luminoso agradecerian ésta elegancia vintage qué enamora.

    1. Mil gracias por tus palabras Maria! De cerca si se puede apreciar “algo”, aunque lo he trabajado lo mejor posible y el barniz ha ayudado bastante. Las manchas del vestido no siempre tuvieron ese tamaño (ni esos colores; de hecho, llegó a estar en un solo tono!). El suelo empezó siendo liso, luego una acera con cortes rectos y finalmente terminaron siendo adoquines redondeados. Las vallas estuvieron, desaparecieron, volvieron a aparecer…Incluso llegó a haber la insinuación de árboles!

      El “imprevisto” por el cual tardé tanto en terminar este cuadro y por el cual viví en una montaña rusa de emociones se llama Natalia. Hoy cumple 15 meses y…es mi tercera hija!

      Muchas gracias de nuevo Maria! Un abrazo

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